Hace mucho, mucho tiempo en un pueblecillo, como Cabrera, se había declarado el estado de alarma. A parte de que señor feudal recalificaba los terrenos y que una nueva ley no dejaba fumar dentro de las tabernas, un dragón se había instalado en las afueras. Este bicho era muy, muy malote; a diferencia de sus primos éste no concedía ni uno ni tres deseos. Encima sufría de halitosis y contagiaba la peste. Era un pieza.
Como olía tan mal, los del pueblo lo querían mantener fuera del centro, donde la gente hacía su vida normal. Cada día le daban un aperitivo, que variaba según la subida de los tomates, que su precio ya en aquella época era elevadísimo. A veces, cabras; otras, vacas locas. El problema provenía de que el animal era eso, un animal; pero encima, un gulas. Los aperitivos se estaban terminando.
La gente de antaño tenia muy mala leche y no se callaban nada. No es como ahora que si a alguien le huele la boca te lo callas y luego lo comentas con la peña. Decían que si el odontólogo no le recetaba nada al respecto morirían todos de lo mal que olía. Es que la gente es muy mala. A un figura que estaba por ahí y que no tenía el graduado escolar se le ocurrió la brillante idea de sacrificar a los hijos para cebar al dragón. ¡Claro! Su hijo era un cabronazo y, encima, se había acostado con su madrastra y la había dejado embarazada. Otro pieza. Finalmente, el pueblo aceptó. Aprovecharon que era domingo por la mañana y que los hijos tenían resaca para reunirse.
Así que dicho y hecho. Cada domingo por sorteo decidían quien sería el que pringaba. Hasta que le tocó a la hija del señor feudal. El padre intentó sobornar al pueblo con dinero, comida y mujeres; pero la muchedumbre no se dejó embaucar, aunque con el dinero que les hubiera dado vivirían con todo lujo durante el resto de sus vidas. Seguramente solo lo hicieron para joder.
La chica muy mona, con gran parecido a Winona Ryder en rubia, se fue de camino a la casa de protección oficial del dragón. Ella lloraba. El rimel de mercadillo le corría por toda la cara. ¡Que gran coincidencia! Se encontró con una tropa de guerreros espartanos. Uno de ellos, que se había apostado con los otros 299 a que se la ligaba, le preguntó con un acento catalán parecido al de Andreu Buenafuente qué donde iba de esa manera, qué iba echa un asco. Ella que ya veía que era un moscón le explicó que era lesbiana. No se le ocurrió otra excusa. El Jordi, que así se llamaba, eso le gustó. Así que insistió.
Finalmente, ella le explicó el cuento. Con un par el Jordi fue a casa del dragón. Dialogaron y el bicho aceptó a ingresar en una clínica en Houston para hacerse una limpieza bucal y aprender a cuidarse la boca. Pasaron tres años y el animal tubo una recaída. No lo superó. A Jordi le acusaron de haberse reunido ilegalmente con el enemigo. Después de los cinco años de cárcel, Sheron fue a buscar al espartano con acento catalán y le entregó medio reino por intentar ayudar a su primo.
Jordi que aprovechó las nuevas ventajas de las que disponía se compró un carro con una potencia de dos caballos. La hija del señor feudal al enterarse fue en busca del nuevo pijo y le pidió matrimonio. Se casarón y vivieron felices.
Dedicado a todas víctimas de nuestro país que sufren cada día de halitosis...