He ido a cortarme el pelo, hoy. Es todo un ritual. Entras por la puerta y no se te ocurre una frase más ocurrente que:
-Oye, ¿para cortarme el pelo?
-Mmm... claro, pase. -me responden con mucha educación- Espérese aquí un momentito que creo que Jenny (o Jessy, o Lore, o Melody, o Vane, o Juani) está libre.
La diferencia entre la sala de espera del médico y la de la peluquería está en las revistas. Mientras el peluquero está buscado a la aprendiz, porqué siempre me tocan a mí, tu hojeas una revista donde salen unos tíos mega cachas con diferentes peinados. En realidad en la revista de unas 50 páginas solo han utilizado a tres modelos para las fotos; en las primeras están los tres maniquíes con el pelo largo, después con flequillo, luego con media melena, más adelante con el pelo corto y al final al estilo Roberto Carlos. Te das cuenta que hay por ahí una Interviu, ¡que bien!; Belén Estevan en la portada, ¡que mal! Aún así la abres, pero justo cuando estás en lo más interesante, Jenny aparece. Te disculpas diciendo que tú lees solamente los artículos, que son muy buenos. Ella pasa de ti, ella es así, con sus extensiones lilas y su teñido a lo Mónica Naranjo, ella es una rebelde.
Primero te lavan la cabeza, deben pensar que eres un guarro. ¿Está bien el agua?, te preguntan. Siempre quema; aún así contestas, ¡no, no!, que va. Jenny a lo suyo. Te va todo el agua a la cara. Jenny a lo suyo. No es Jonsson’s Baby, los ojos te escuecen. Jenny a lo suyo. Subidón, Cristina Aguilera, su hilo musical. Cuando termina te pasa toda la toalla por la cara, con mala leche, el Jona no la puede venir a buscar, se le ha roto la motillo. Me ponen una capa negra. ¡Mola! Esperas con inquietud la pregunta más temida:
-¿Cómo lo quieres, a máquina? -pregunta Jenny mascando chicle.
-Pues no -la cara de ella es un poema; la mía, también.
Después de intentar explicarle lo que quiero, ella empieza con su tarea. No se para que me esfuerzo en contar cada vez el mismo rollo si luego lo cortan como les da la gana. Empiezan a cortan y no paran. No paran. Jenny a lo suyo. Durante tres meses que no has ido a la peluquería no te ha picado la cara, nunca; pero sin tener explicación lógica tienes ganas de rascarte por todos lados. Esperas a que no mire para aliviar tu castigo. Jenny a lo suyo. Hasta que sueltan siempre el mismo comentario:
-Oye, ¿sabes que tienes mucha cantidad de pelo, no?
-Sí, sí. Ya me lo han dicho varias veces -contesto.
-Mejor, hombre, así no te vas a quedar calvo -me dice con su salero barriobajil.
-Pues no sé, si sigues cortando tanto quizás sí.
Jenny a lo suyo. A pesar de tener tanta cantidad de pelo, me deja sin él. Con un plumero me golpea con polvos de talco en la nuca. Placer con collejas. ¡Mierda! Ya empiezan. Los nanopelitos se introducen en los poros de la piel. Tienes picores. Pagas y te vas corriendo. Sabes que pese a ducharte seguirás rascándote. Es quizás por ese motivo que no voy más a menudo. ¿Quién dijo que el dentista daba miedo?